viernes, 13 de junio de 2014

¿Quién me compra un sueño?

Últimamente los días se me pasan como si el reloj me hiciera trampa, al observar cómo ha volado el tiempo este año, lo único que desearía sería comprar horas extra, si es que éstas se vendieran, para completar todas las tareas que tengo que hacer cada día. Otra vez los meses pasaron sin poder compartir con ustedes.
Esto de administrar un Café en donde los sueños de muchos convergen, no es nada sencillo, aunque sí algo apasionante. Y ya saben que para vivir la vida con pasión, no hay nadie mejor que yo, porque cada detalle, cada proyecto y cada sueño me los tomo muy en serio, lo cual a veces me aleja de este espacio.
He seguido replicando en el corazón y las manos de mi autora, cuando la veo distante, le susurro al oído, cuando la siento desanimada, la empapo de mi delicioso sabor. Y al final consigo acercarla al camino del que a veces se desvía.
Como decía líneas atrás, aquí en Café Toscana, los sueños de muchos convergen, se alojan, se descubren o evolucionan, sin embargo primero, hay que venderlos.

Y para que me entiendan mejor les comparto el siguiente cortometraje:

 
 
Tal vez suene arrogante, pero me di cuenta que la felicidad que le he producido a muchos lectores radica en el valioso proyecto de vender sueños. No sé cuántos haya vendido ya, pero si sé que son algunos , y tengo la certeza de que si cada uno de nosotros se propusiera vender un sueño en la vida, el suyo mismo por lo menos, este mundo no andaría tan de cabeza, y en lugar de ponerle el pie a los demás les tenderíamos la mano.
 
Hay muchos placeres en el fascinante ritual de tomarse un café, y uno de ellos es compartirlo a través de una charla, una plática, que a veces dura más de lo que cada uno pudiese imaginar, porque las palabras que importan y les decimos a nuestros compañeros de café, pueden afectar profundamente su vida cuando están bien cargadas de afecto, de magia, de fe, de la esencia que los sueños se construyen.
 
Bébanse un café aquí en el Café Toscana, y compren un sueño o véndanselo a alguien más, ambas transacciones son una cortesía de la casa.